Esto fue sacado del ordenador del cacajuez en un allanamiento.
"Mi perro ya estaba acostumbrado a que le acariciara el pene y de vez en cuando masturbarlo, cuando me veía casi siempre se le erectaba y se le veía. Me entró la loca idea de que el me penetrara y poco a poco lo fui intentando. Total, que un día se me montó, ya tenía su cosa de fuera, empezó a tratar de metérmela, me daba piquetes por todos lados hasta que le atinó: no mames, no fue nada delicado, me la dejó ir de repente y me dolió mucho, pero me aguanté, me bombeaba con una velocidad increíble, de repente sentí el chorro de su semen en mi ano a la vez que sentía que se le agrandaba su cosa. Me quise despegar ¡y no puede! Se le había hecho una bola en su pene y estaba atorada, por más que pujé no lo logré, ya sabía que eso pasaba entre perros, pero creía que mi ano lo podía sacar. Esa fornicada no me hizo gozar, lo que si gocé fue el momento tremendamente erótico de estar pegado con el perro, con su pene dentro de mi bello ano. Mientras ambos esperábamos que pudiésemos despegarnos yo gozaba el momento, me acariciaba los pezones y el pene, no quería masturbarme aún, quería que el momento durara lo más posible.
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